RECUERDOS DE MI INICIACIÓN EN EL BALONCESTO
- Mi padre Rogelio era el responsable del cuidado y coordinación de las instalaciones y actividades en el Picadero, club polideportivo que se encontraba situado en la Carretera de Sarrià de Barcelona, justo delante del antiguo campo de juego del RCD Espanyol y que durante muchas temporadas todas sus modalidades deportivas eran líderes de sus competiciones (baloncesto masculino y femenino, balonmano, voleibol, béisbol, rugby, ciclismo, carreras de patines,...). Además, era un lugar de encuentro de todos sus componentes, lo que generó numerosos matrimonios.
- En la única foto de que dispongo de esa época, presenciando un partido, aparecen mi madre Carmen, mi padre en la lejanía y yo en primera fila aparentando no más de 5 años. A mi lado se encontraban las componentes del equipo Senior Femenino que ganó de forma consecutiva el Campeonato de Catalunya desde 1953 hasta 1959.
- Siempre que me era posible acompañaba a mi padre, por lo que de forma reiterada estaba dentro de la pista de juego, botando o tirando a canasta. En esa época los jugadores y jugadoras Senior me tenían como su mascota y en muchas ocasiones me pedían que les pasase el balón para sus ejercicios de tiro.
- Mi primer documento como jugador es la ficha de inscripción en la competición escolar, representando al Instituto Àusias March, en el equipo Infantil A, durante el curso 1961-62. Solo éramos 5 jugadores con un reserva que jugaba poco, pero que después se convirtió en un periodista famoso: Quique Guasch.
- Al iniciarse 1960 nació la primera revista de baloncesto en España, Rebote, que se convirtió en la Biblia para todos los amantes del baloncesto. Además de su director, Justo Conde, uno de sus fundadores fue el que después sería mi suegro, Eduardo Aznar, árbitro internacional de la época.
- Esta época estable de mi vida familiar, cuyo recuerdo siempre me genera satisfacción se vio truncada de forma súbita e inesperada por el fallecimiento de mi padre. En este trágico momento en las vidas de mi madre Carmen y la mía, el presidente del club, Joaquín Rodríguez, intentó enmendar el no haber tenido dado de alta a mi padre, por lo que nuestra situación económica pasó a ser límite, ofreciéndome de forma provisional y a pesar de no haber cumplido los 13 años, la organización y control de las instalaciones del club, de forma que pudiera contribuir a los múltiples esfuerzos de mi madre generando pequeñas ayudas económicas. Permanece en mí el grato recuerdo hacia el que era vicepresidente del club, Javier Macua, que además presidía la Federación Mundial de Bridge, y que aparte de acompañarme en el entierro de mi padre siempre me ofreció sabios consejos de vida.
- Me cuidaba de organizar el material necesario para entrenamientos y partidos, de los vestuarios y del marcador en los partidos (primero con tablillas que se ponían y se quitaban y después con uno moderno de lamas que se movía como una persiana).
- La primera imagen de un baloncesto de máxima calidad, siendo yo el responsable del marcador fue en un partido contra el Real Madrid de la época, en la pista descubierta y que, entre grandes jugadores destacaban Clyfford Luyk y Bob Borges.
- Durante muchos años, el momento más esperado por el equipo masculino era la celebración de la gira de verano por diferentes lugares de Europa, disputando partidos amistosos, gira que normalmente se financiaba con la venta clandestina del arsenal de botellas de coñac que les acompañaban. Casi siempre se invitaba a algún jugador importante de otro equipo.
- El momento más emotivo que recuerdo de esa época es el que coincidiendo con la fiesta de cierre de temporada en la que se entregaban diferentes premios y reconocimientos a los deportistas destacados del club, y sin ningún aviso previo, escuché mi nombre por los altavoces y delante de todos los participantes se realizó un emotivo elogio de la figura y trayectoria de mi padre, a quien llamaban "El Águila", entregándome el escudo de oro del club en su recuerdo. Posteriormente he recibido muchos reconocimientos pero ninguno me ha generado tanto orgullo y emoción como aquel.
- No recuerdo exactamente el momento en que el Presi del club me ofreció pasar a colaborar en su despacho ubicado en la Rambla Catalunya, donde actualmente se encuentra el Hotel Calderón, aunque no creo que hubiese cumplido los 15 años. Desde ese lugar se movían los hilos del baloncesto español de esa época: fichajes, gestiones organizativas, política nacional con Raimundo Saporta, Dani Fernández,... En la pista del Picadero me inicié en los aspectos deportivos. Aquí, en silencio, escuchaba cómo funcionaba todo aquello que normalmente no trasciende al exterior pero mueve el mundo del Baloncesto.
- Las instalaciones al aire libre se hicieron rápidamente insuficientes y la necesidad de un nuevo pabellón obligó al club a trasladarse a Travessera de les Corts, actual Blaugrana 2, que se inauguró del 1 de noviembre de 1968 y fue el momento más importante en la vida del club, aunque posteriormente y a pesar de grandes éxitos deportivos, fue su sentencia de muerte al no poder hacer frente a su financiación por no cumplirse las expectatias de nuevos socios.
- En el nuevo pabellón, y junto a Neus Bartran, organizamos escuelas de iniciación al baloncesto y los días de partido, junto al que después sería un gran director y comentarista de ciclismo, Rafa Carrasco, organizábamos la charanga de animación.
- Mis primeras orientaciones sobre el oficio de jugador me las proporcionaron personajes como Albert Gasulla, entrenador del Senior durante 1960-62, que en una ocasión, encontrándome en solitario en la pista, me explicó que tenía un ojo en mi mano derecha que siempre tenía que mirar hacia donde lanzara el balón. Nunca lo he olvidado. En otros momentos, Teo Cruz, extraordinario jugador puertoriqueño que más JJOO había disputado, se detenía de sus ejercicios y cuando me veía corretear por la pista se acercaba para explicarme conceptos de juego que me ayudaran a moverme adecuadamente durante un partido.
- Me inicié como jugador federado en la temporada 1965-66 en el equipo juvenil con Jordi Penas como entrenador, que casi siempre llegaba tarde y no era muy riguroso, pero sí fue capaz de inculcarnos a todos cómo debíamos actuar para poder disfrutar con el basket. Siempre nos invitaba a Coca Cola después de un partido. Éramos un grupo de amigos.
- En la 1967-68, como Júnior, y entrenados por Pepe Soro, aumentó el rigor en entrenamientos y en la dirección del grupo. Inauguramos el nuevo pabellón y disputamos la Primera Liga Nacional Júnior.
- En la temporada 68-69 fuimos entrenados por Julián Gómez, buen entrenador que preparaba los partidos con monedas en el suelo del vestuario antes de salir a la pista.
- En la 69-70 entrenábamos por la mañana con el primer equipo y por la tarde desarrollábamos ejercicios de técnica individual. El fin de semana varios jugadores diputábamos partidos con el Sant Jordi de Rubí, con Ricardo Arderiu de entrenador.
- En las temporadas 70-72 la dinámica fue muy similar, entrenando con el súper equipo Senior (Codina, Soler, Albanell, Alocén, Beechum,...), entrenados por Esteve, que era mejor gerente que entrenador. El fin de semana competíamos en Girona con el Sant Feliu de Guíxols, que también presidía Joaquín Rodríguez. Muy buenos recuerdos de convivencia disputando los partidos en la pista descubierta del Paseo Marítimo y siendo el público todos los que paseaban por allí. Jordi Tobías era el entrenador.
- En la temporada 1972-73, el Picadero estableció un convenio de colaboración con el C.B. Granollers que aspiraba a ascender a la máxima categoría, por lo que me incorporé a su equipo, junto a los experimentados Luis Vila y Juanjo Cervantes. El entrenador era Ricardo Arderiu y, finalmente, después de una trayectoria irregular, solo conseguimos la tercera plaza.
- En la temporada 1973-74, tuvimos a Lluís Domènech de entrenador ausente, puesto que solía delegar durante la semana los entrenamientos en su ayudante Manolo Soriano y él solo se presentaba a los partidos. En momentos difíciles de la temporada y, como argumento de concentración y de cohesión del equipo, nos llevaba a cenar a un restaurante de Barcelona y posteriormente ¡¡¡nos invitaba al espectáculo de "El Molino"!!! Finalmente, tampoco conseguimos el ascenso al clasificarnos en cuarta posición.
- Durante la misma temporada, nuestro preparador físico Manolo Soriano me motivó a iniciarme como entrenador, compaginándolo con mi actividad de jugador, de un grupo de Mini en el Colegio Pare Manyanet del cual él era su coordinador deportivo. Recuerdo que, más que entrenar, mi objetivo era organizar a un numeroso grupo de ilusionados niños de 11-12 años. En la siguiente temporada continué dirigiendo al equipo cadete, de 14-15 años, empezando a experimentar en qué consistía ser entrenador, y todavía dispongo del programa de entrenamientos y la valoración de partidos y jugadores.
Multitud de imágenes se fueron agolpando durante estos primeros años, pero por detrás de estos fotogramas incrustados en mi memoria, siempre ha quedado el sentimiento por un deporte que se incorporó en mi mentalidad infantil, conquistando mis primeras ilusiones e instalándose para siempre en mi forma de vivir, marcando mi personalidad.